UNA MÁQUINA CASI PERFECTA
Un estudio
dice que el porcentaje de noticias negativas es mayor que las positivas, la
gente se sorprende más con lo negativo que con lo positivo, tiene cierta
lógica, si vamos caminando por la calle y vemos un accidente de coche nos
sorprende más que uno que no lo es. En las estadísticas salen los datos de los
que son accidentes, nunca salen los que no lo son. La demanda existe, nos
alarmamos, captan más nuestra atención y eso es muy atractivo cuando el
objetivo es justamente ese.
Cambiemos la
tendencia, seamos capaces de encontrar noticias buenas, veamos lo positivo de
las malas. No hay que buscar mucho para darnos cuenta que estamos rodeado de
ellas, aunque le demos más importancia a las otras, estoy convencido que
abundan las buenas, y por si fuera poco, somos muy capaces de ver lo bueno en
lo malo, por lo tanto ya no hay excusas. Vamos a drogarnos, a alterar nuestro
estado de ánimo, a experimentar nuevas sensaciones de cosas buenas, seamos
dependientes de ella, el único efecto secundario que tendrá será beneficioso
para la salud mental porque reduce el estrés y fortalece nuestro sistema inmune.
Para que haya curas tienen que haber
pecadores, para que haya médicos tiene que haber enfermos, para que haya
gobernantes tienen que haber gobernados, para que haya ricos tienen que haber
pobres, pero para que haya felices no tienen que haber infelices, eso depende
de uno mismo.
Hay estudios
sobre el cuerpo humano y todos coinciden que es una máquina perfecta, datos
como que tenemos 37 billones de células y cada una es una entidad diferente,
los pulmones procesan más de 15.000 mil litros de aire al día, el cerebro puede
almacenar 200 exabits de información (similar al contenido digital de hoy), dan
prueba de ello. En todo ese caos el milagro de la vida.
Es
inexplicable lo que nos sucede cuando amamos, hay muchas explicaciones sobre el
tema pero ninguna es científica.
Los
científicos observan, experimentan y explican. La ciencia siempre llega hasta
el tercer paso, quizás no estemos preparados para comprenderlo, o quizás
debamos aceptar que es nuestro mejor defecto de fabricación.
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