QUILOMBO
QUILOMBO
UNIVERSAL (PARTE I)
Hoy salí a correr en mi franja horaria
como corresponde. Practiqué un ejercicio mental que seguramente sea ofensivo
para la mayoría, me dije “voy a imaginarme a cada ser humano con cara de mono”,
quería saber si había mucha diferencia. Lo primero que vi fue a un joven
mandril a “la moda” (hace calor, unos tirantes y su mascarilla a juego como
dios manda), luego vi a unos monitos Titi con sus progenitores paseando
tranquilamente, en el parque Las Cruces vi a unos chavales orangutanes jugando
al futbol. Está prohibido, no les juzgo, no quiero perder la perspectiva y
juzgar una incoherencia entre tantas. Cuando encendemos la tele vemos
manifestantes siguiendo al simio superior y repitiendo sus frases. También vi
al mono supremo dirigiéndose a sus gobernados y darle la dosis de bananas que
requieren.
Como dije al principio, puede ser
ofensivo para la mayoría, aclaro: de los monos. Yo salí a correr (me incluyo,
claro está), un tema mental y físico recomendable para los monos sedentarios o
en cuarentena.
Parece exagerado, y lo es. Hay cosas que
nos diferencian, pero también hay otras que nos acercan. No es comparable, pero
sentirnos mejores me parece injusto, yo diría que distintos. Hemos
“evolucionado” pero también hemos
empeorado en algunos aspectos. Siendo rigurosos, somos especies y la nuestra es
homo sapiens (sabio, así nos “auto definimos”).
Es como decir que como “hemos
evolucionado” ahora somos mejores que antes, ¿entonces ahora somos peores que
dentro de un siglo? Eso si llegamos. Es difícil saberlo, no somos una “agencia
de cualificación”, tenemos parámetros objetivos y otros subjetivos. Los
objetivos son números, estadísticas significativas, eso es relativamente
sencillo de cuantificar. El verdadero problema está en lo subjetivo (como la
felicidad), hay factores que pueden acercarse, pero en ningún caso tienen una formula
o son cuantificables. Por lo tanto, hay cuestiones que varían y se pueden
cuantificar y hay otras que no, sencillamente porque no cambian y no se pueden
manipular. Es más, cuando profundizamos, siempre llegamos a la misma conclusión
o al mismo punto de partida. Poco nos separa de un filósofo griego de los 470
a.c., un neurólogo del siglo XIX, o un escritor de ahora mismo.
PROPÓSITO UNIVERSAL (PARTE II)
Si queremos encontrarle un sentido a los
más profundo de nuestro ser, seguramente nos llevemos una decepción, sin
embargo, tenemos la obsesión de buscarle un sentido a las cosas. En la
superficie somos como los surfistas, libres y felices. Sin embargo, si
buceamos, no sentimos ajenos a esas profundidades, somos vulnerables, nos
agobiamos y nos asfixiamos. Somos
“sabios” (no lo olviden). Si llegamos a la pésima conclusión que no hay un
verdadero propósito, o ¿si llegamos a la pésima conclusión que nuestro ser se
va a ir sin dejar nada más que un pequeño “quilombo universal”? No es propio de
“sabios” ¿verdad? Seguro que algún astronauta perdido o algún otro ser espacial o especial nos ve desde muy
arriba y se está riendo de nosotros, los monitos (como se pelean entre ellos,
se mueren de hambre mientras otros lo hacen de obesidad, se explotan entre
ellos y destruyen su hábitat natural).
Creer en los superhéroes, consumir drogas,
nacionalismos, equipos de futbol, religiones entre otros asuntos son formas de
encontrarle respuesta a la preguntas, está claro que algunas más acertadas que
otras.
Yo me inclino por mejorar, reconocer lo
que soy, aceptarlo, y poco más. Mientras tanto, pretendo seguir informándome,
leer libros, y sobretodo dudar, espero
que me absuelvan solo por ese beneficio. Todos somos culpables, es fácil de
demostrar ¿acaso hay alguien que no lo sea? Cada uno tendrá que asumir su
parte.
Nadie está exento. En mayor o menor
medida, si eso realmente importara. Somos ovejas del rebaño, también somos
monos y otras veces somos números. Por esta misma razón o motivo, me conformo
con ser esa parte insignificante del mundo que disfruta del momento. No sea
cosa que mañana no estemos para seguir buscando ese propósito, informándonos,
conociendo gente maravillosa, disfrutando de un buen vino, un buen libro, una
buena canción, una buena comida, mojándonos con la lluvia, quemándonos con el
sol y sobretodo siendo agradecido con lo que nos toca, aunque no se pueda
cuantificar. Como dijo Buda “La reflexión es el camino hacia la inmortalidad; la
falta de reflexión, el camino hacia la muerte”.
Yo sigo
reflexionando y mientras busco el camino me aseguro seguir en él.
Comentarios
Publicar un comentario